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EDA PRENSA: EL PODER DEL ARQUITECTO (VÍA @LATERCERA)


Hoy 21 de Mayo salió publicado en el diario chileno ‘La Tercera’ la opinión del arquitecto urbanista Pablo Allard a raíz del caso Boza, ya que a su juicio “aquellos colegas que confunden el tamaño de sus edificios con su ego son una minoría, y no representan al resto que entregan lo mejor de sí”

Destacados arquitectos han estado en el centro de la discusión pública, ya sea por lamentables opiniones respecto a la formación de futuros colegas, para defender o criticar el edificio más alto, o para rebatir la forma en que se define la política urbana en nuestro país. Todos ellos, así como sus opiniones, dan cuenta de la riqueza inherente a la libertad de expresión, pero su visibilidad y elocuencia no debe desviar respecto al verdadero rol del arquitecto en nuestra sociedad.

La arquitectura, a diferencia de otras artes, es inevitable. Uno puede no escuchar cierta música, elegir qué autores leer o qué películas ver. En cambio, en la ciudad, las consecuencias de un mal edificio pueden afectar para siempre la vida a miles de personas, que estarán obligadas diariamente a experimentar su hostil figura, la sombra arrojada, el tráfico que generan o la torpeza de su llegada al suelo.

La buena arquitectura, en cambio, es capaz de hacer realidad los sueños más íntimos, como el de la casa propia, que de paso es la inversión más grande en la vida de la mayoría de los ciudadanos. Puede generar barrios y lugares memorables, llenos de vitalidad y sentido. Puede recuperar a una comunidad, diseñar parques y lugares de encuentro y, por último, mejorar la calidad de vida de todos quienes la experimentan. No sólo sus usuarios o propietarios, sino de todos quienes conviven e interactúan con ella.

Aquí radica el verdadero poder del arquitecto, no en quien tenga más metros cuadrados construidos, la torre más alta o más postergados. El poder del arquitecto está en articular en armonía las variables que informan y dan forma a su obra, de manera de interpretar y sustentar la vida de los otros. Este poder es una gran responsabilidad y requiere un acto de humildad enorme, ya que al final no se es el artista o el gran maestro, sino más bien el mediador, intérprete y sintetizador de las demandas, necesidades y sueños de nuestros clientes y la comunidad.

Aquellos colegas que confunden el tamaño de sus edificios con su ego son una minoría, y no representan a los miles que anónimamente entregan lo mejor de sí para construir mundo. El campo de la arquitectura hace rato que dejó de ser el edificio corporativo, la casa de lujo en la playa o el centro cultural de turno; eso es privilegio de pocos. Cerca de un 3% de las obras que se construyen anualmente en Chile corresponden a encargos directos de un cliente particular a un arquitecto; el resto es arquitectura institucional, edificación pública o producción inmobiliaria. Los arquitectos hoy requerimos más que nunca capacidad de innovación y la voluntad de conducir nuestro poder hacia donde están las verdaderas demandas, no las del gran mecenas; en áreas como la vivienda social, el diseño urbano, arquitectura del paisaje, planificación urbana, infraestructura, administración de proyectos, sustentabilidad o el desarrollo de nuevas tecnologías constructivas, entre otras.

En un país donde cada vez son más importantes las demandas por calidad de vida y equidad urbana, es hora que los arquitectos recuperemos la ciudad y su entorno con autoridad técnica y juicio crítico, entendiendo que estamos al servicio de los demás.

Pablo Allard es Decano de la Facultad de Arquitectura y Arte de la Universidad del Desarrollo.

Vía La Tercera, pág. 30

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