Al parecer con este nuevo diccionario universal del estudiante de arquitectura (estamos buscando una sigla para que sea más fácil), la Real Academia de la Lengua Española se asustó y se tiró con esas actualizaciones del idioma. Igual es brígido que ahora ‘solo’ vaya sin tilde como ‘guion’ o ‘truhan’. Bueh, la cuestión es que tenemos un nuevo significado para un concepto que abarca completamente todas nuestras tristezas y alegrías (no, no es ‘mentix’ ni ‘sexo desenfrenado’).
‘Taller’, después del salto.
Taller: Espacio físico destinado al trabajo de maestros y ayudantes sobre arquitectura. También puede hablarse de taller como un ramo de la universidad al que el estudiante dedica su mayor esfuerzo como ser humano.
No hay un lugar que condense de mejor manera las aspiraciones, alegrías y frustraciones del estudiante de arquitectura que el taller. Como curso, debe ser uno de los ramos más personalistas, extremos, exigientes y ambiguos en su calificación de notas de las carreras existentes en el mundo (y de existir vida en otras planetas, del universo). De más está decir que el apellido de tu profesor(a) es parte del nombre de tu taller. ¡Qué más personalista que eso!
En el taller, al igual que en un estado de excepción, las reglas las pone el maestro, el profesor y no hay Declaración de Derecho Humanos de la ONU que pueda hacer algo: en sus manos está la vida y muerte de sus alumnos, posee un poder ilimitado que incluso sobrepasa las atribuciones del decano de facultad, también determina el estado de ánimo de los aprendices: una buena nota te deja una sonrisa eterna, sincera e imborrable (“seré el(la) mejor arquitecto(a) del mundo EVER”), mientras que una mala nota es un golpe a la entrepierna del autoestima (“soy horrible, no merezco vivir”). Así también, podrá haber un paro generalizado, inundaciones en toda la ciudad, un ataque de Godzilla o incluso una guerra y el taller seguirá como si nada ocurriera.
Habrá entrega de todas formas.
Y finalizando, el juicio que uno tenga del semestre dependerá en gran medida de cómo sea el taller y no de los otros ramos irrelevantes:
1. Excelente (“¡En taller nos cancelaron la entrega hasta que estemos de mejor ánimo y se pusieron con plata para hacer un asado con copete I-LI-MI-TA-DO!”)
2. Bueno (“En taller nos dieron un día más para entregar”)
4. Regular (“no he dormido en tres días, pero al menos puedo entregar 2 minutos más tarde, así que me queda tiempo”)
5. Malo (“¿qué cresta es eso de maqueta a escala real? Más encima es para mañana y debo fabricarla con bombillas, boletos de micro y cerilla de mis orejas”)
6. Inhumano (“Me habría gustado haber estado en el nacimiento de mi hija, pero mi profe de título no me dejó ir”)
Tags: diccionario, taller
Vida de Taller
“¡Sacaron a los mineros! Genial. Pero voy a seguir trabajando..”
“¡Chile clasificó al mundial! La raja máxima. Pero voy a seguir trabajando..”
“¡Una nueva piñericosa a coleccionar! Ridiculo. Pero voy a seguir trabajando..”
“¡Como cresta sacan a Bielsa! Hijos de Puta. Pero voy a seguir trabajando..”
“¡Nació mi hija! Felicidad extrema. Pero voy a seguir trabajando..”
“¡Se me pasó el resfrío! Lo voy a tuitear, y voy a seguir trabajando..”
Esa descripción de taller me recuerda a la edad media, donde en vez de profes de taller habían señores feudales, que guerreaban entre ellos y tenían en sus manos la vida de los pobres villanos.
[...] por las normativas y están dispuestos a pagar lo que sea necesario. No estaría de más que algún taller se proponga trabajar con algún mandante que vaya de vez en cuando a la sala y se ponga exigente, [...]
[...] que devoramos cualquier programa en el que podamos construir a nuestro placer, sin normativas, sin profesores de taller, ni un mandante jodido; es completamente adictivo si se tiene alguna idea en mente y cumple con la [...]